miércoles, 22 de abril de 2015

I

Por una putita

Son las dos y treinta a eme
y yo intento escribir un poema que los haga vibrar,
y descubro que no he encontrado el acento
para hacerme vibrar

Son las dos y treinta y dos a eme
y en el mundo -el mío-
reina el silencio
y las palabras -las mías-
no tienen cadencia, no tienen gracia
-la suma de las sílabas las frases
y las,
comas- no significan

son las dos y treinta y cuatro a eme
y escucho el relojero y a su segundero
cantarme los segundos
uno, tras otro tras otro,
muestran la sonoridad
de mi vida,
un sólo tono un sólo tempo,
no hay melodía

son las dos y ya casi serán las tres
de otro día
y yo aún sigo intentando sacudirlos
-intentando sacudirme-
con alguna frase emotiva
que les - me-
deje tieso el corazón
que les -me-
sacuda las tripas y el rencor
que les -me-
agrade escuchar
para poder ignorar
el sonido del
reloj.

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