lunes, 28 de julio de 2014

Tus ojos-planeta




Estar frente a tus ojos es, indiscutiblemente, en-frentarse a dos negros y distintos planetas. 

El primero: un planeta de gente honesta, la complicidad del tiempo compartido,
del tiempo libre junto a ti.
Un planeta que sólo quiere vivir de quererte, de prolongar esos pocos segundos de quietud del espíritu socialmente cohibido.
Los habitantes de tu planeta izquierdo trabajando para no dejar de localizarme; gritándome desde tan lejos: -¡Bésame!- y luego recriminándome: -no perviertas esta amistad... la noche de tus ojos-.
Un planeta de viento cálido, donde los habitantes nunca duermen, donde el sol nunca sale...
"la eterna noche de no saberme correspondida".

El segundo: un planeta de verdes paisajes.

La naturaleza de tu ser constante, valiente, contentísimo.
El desierto       y          la selva,
las serpientes     y          los osos polares,
el arco iris         sobre       el mar,
los altares           de         piedra,
laS MONTAñas,
los                                     abismos.
Ecosistemas volátiles, mutaciones. El eterno equilibro.

Desde aquí, cuando me miras, tu ojo derecho es una noche de aurora boreal.

O también, un sol radiante de atardecer de Suba, 
                                de atardecer reflejado en la Laguna de Suesca. 


No obstante, estar frente a tus ojos es, imperdonablemente, enfrentar nuestros ojos-planeta.

Aquellos, un espejo. Tu, mi frase escrita.
La conjunción.
Lo innecesario de verbalizar la explosión universal en nuestros ojos.
Esto escalofriante, esta espalda crispada cuando tus dedos tratan de acariciarme.
Este sudor en las manos...
Este reconocerte que se volvió tan necesario. 
.
.
.

Esto que escribo es lo que siento cuando te pienso, o lo que pienso cuando te veo y no soy capaz de decirlo. 



miércoles, 16 de julio de 2014

1:00 a.m. – 4:00 a.m.

I

Las sombras asistemáticas
de los lánguidos seres nocturnos
que aun no llegan a sus casas
recorren silenciosas los caminos
de una ciudad adormecida

Borrachos e indigentes
empleados trasnochados
y conductores enloquecidos
por semáforos invisibles

Pequeños globos eléctricos
ojos de luz perpetua
observan el pausado caminar
de aquellos que no se quedan

Largas calles de silencios profundos
límites difusos ahora inexistentes
la quietud de lo que pocos perciben
el frío próximo a la madrugada 


II

Las aceras-dormitorios
aceras-inodoros
aceras-caneca
aceras-multiusos infinitos
poseen la capacidad
para quien conoce
de contar la historia secreta
de aquella historia que se acuesta
en las más altas aceras

La oscura sima
es coronada
como señorita Calle
como habitáculo extremo
como Maelström interminable
por aquellos seres nocturnos
conocedores de los herméticos secretos
del bachiller enverdecido
y su teniente maricotas

Es la vía oscurecida
el antiguo libro abierto
del verdadero sabio-loco
indigente, drogadicto
reciclador entregado
bibliotecario de la miseria
agudo telescopio que hiere
las embusteras bases
del Estado ‘bienhechor’


III

Si Rulfo,
oigo ladrar a los perros
hacer escándalos
exhalar furioso celo reproductivo
violenta ira sudorosa
adrenalina que tensa el aire
que alerta los sentidos
que estimula los reflejos

Si Rulfo,
oigo ladrar estas jaurías
de perros callejeros
Ya no quedan transeúntes
las historias dormitan
bajo millones de estrellas
de brillo borracho y perdido

Ya no quedan sobresaltos
ratones descarados esculcan
tu basura, mi basura
todos-nosotros-basura

Gatos muy astutos cazan
a aquellos ratones descarados
que esculcan nuestro
ser-basura

Y los perros rabiosos espantan
a los gatos astutos que cazan
a estos ratones descarados que esculcan
 en nuestra identidad secreta

IV

Trina la primera ave
con voz de diez mil alfileres
y sus congéneres responden
rasgando con filosos decibeles
la tela negra y silenciosa
de la pesada noche


Anuncian con perturbadora alegría
la hora previa
la última hora oscura
previa a la fría coronación
del supremo y magnánimo
dios Sol

viernes, 4 de julio de 2014

Entendimiento

Deseo verlo todo
con absoluta y diáfana claridad
para poder entender así
la lógica demoniaca
que se esconde
en las entrañas
de este puto mundo
Y someterlo sin piedad
al magnánimo mandato
de mi voluntad enardecida
alimentado por los más profundos miedos
de aquellos seres
frágiles y engreídos
que se dicen humanos
De esta forma
finalmente podré deshacerme
de la terrible tristeza
que me acongoja
me corroe
y me humilla
día a día
en secreto
como un parasito
devorador de universos
Desde el sol de hoy
promulgo
que la venganza de los pobres
los torpes y los ignorantes
los aburridos y los caídos
SERÁ TERRIBLE

viernes, 13 de junio de 2014

Lo que aquella es (yo).

Es aquella, una pasión por escribir, la que me mueve,
la que me quiere llenar y destrozar; es mágica, sublime,
entra y esta de salida tan repentina que a veces ni la encuentro.
Tampoco es necesario buscarla, solo la uso, es feroz, me penetra el corazón y me saca cada estigma, cada ración de sentimiento, lo empolva, lo pule y lo expone, lo maltrata a veces.

Hace que camine y vuele sobre mí misma, 
hace que me vea reflejada en la dulzura de otros abrazos,
cada letra impulsa este aparatito bombeante, latente, cada anónimo, cada parsimonia cobra vida y lucidez.

Se trata de algún tipo de karma.
Escribir con polvo.
En el aire, con la tinta de la noche,
correr frente al viento,
acalorar al sol con la mirada perdida y sufrir la soledad acompañada de las estrellas,
seguir el rumbo perdido de las auroras,
y dentro de una multitud de gotas,
la lluvia de tus ojos.

Me encuentro sentada al borde de mi ser,
quemando ese intruso que lucha por salir y gritar tu nombre.
Tal vez sea hora de dejar de pensar,
quizás sea necesario algún tipo de despertador portátil,
algún aviso continuo del resto que me incurre bajo los rieles de este tren del tiempo.
Camino lento y expulso de todas las formas posibles mi sentir,
exorcizando hasta el momento más puro.
Después de todo, no podría imitar el placer de olvidar sin presenciar hasta lo más doloroso.

Escribir sin manos, sin dedos, sin pluma,
escribir en el aire, sin mente, papiro o pergamino,
escribir libre, soñadora, hábil,
escribir haciendo que así como los versos, los lamentos fuesen invisibles en el imaginario tapiz.
Escribir y que cada palabra dé cuerda a una red de siluetas imposibles de alcanzar,
como odas y ráfagas de pasión.

Es aquella una pasión que parece perderse en el tiempo,
hundirse,
como si ya hubiese sido suficiente, aunque no lo quisiese así,
simplemente volar escribiendo –o escribir volando- es mi arte más puro, mi cadencia más profunda y mi sueño más probable.

miércoles, 11 de junio de 2014

Reflexión a una mañana soleada



     Son quizás las ganas de no hacer nada a la larga. De extenderse bajo el sol que acaricia los prados y dormitar allí hasta que la fría brisa que precede la lluvia me despierte. Es quizás la alegría que me genera ver las nubes pasar lentamente, como monumentales navíos de un mar que tiende hacia el infinito (literalmente).O quizás son estas ganas de admirar el contraste de todo el conjunto natural, como una gran acuarela que se extiende ante mis ojos y que incluye unos preciosos arboles cuyas hojas brillan radioactivamente cada vez que el sol las atraviesa con sus poderosos rayos del pasado. Las nubes siguen pasando y yo lo admiro todo desde la distancia, a través de un vidrio de cuatro metros que me separa de todo lo que quiero, del tiempo libre con que sueño.
     Son quizás también las cosas  malas las que me impulsan a escapar mentalmente del trabajo. Es quizás el sujeto que está en diagonal a mí, con su monumental nariz, sus ojos grandes, sus cejas pobladas, su peinado ridículo y su extraña barba, todo ubicado en un cráneo desproporcionadamente pequeño y puesto sobre un cuerpo escuálido y alargado. Quizás no sea su morfología de árabe famélico, sino sus movimientos, o más bien sus actitudes delatadas a través de sus movimientos. Cuando este sujeto llegó a sentarse en el computador en el que trabaja ahora, sacudió el teclado para sacarle todos los desperdicios que allí se acumulan. Luego, con una hoja de periódico, botó los residuos de piel muerta y residuos que habían caído del teclado en la mesa de trabajo. Acto seguido sopló la mesa y el teclado para finalmente ponerse a trabajar.
     Una actitud así de psico-rígida  me exaspera muchísimo. No puedo concebir personas que sean tan meticulosas, controladoras y obsesionadas con detalles tan minúsculos del existir.
      Son quizás esas razones, la meticulosidad y la rigurosidad, por las que no puedo soportar a las personas estudiosas. Buscan el control máximo por medio de la rigurosa planeación. Todos y cada uno de los elementos de su actividad intelectual deben estar subordinados a una planeada racionalización de sus actos. Los tiempos, la hora de lectura, hora de inicio del estudio, hora de la escritura, momento para el tinto, pausa activa y regreso al trabajo. El espacio de trabajo también está organizado con esmero y detalle. No puede existir libro o papel fuera de su sitio, todo está ubicado milimétricamente de forma organizada para no estorbar. Justamente mientras pienso esto el joven árabe realiza su pausa activa y se come una barra de arequipe con chocolate y maní.  
     Esta gente me saca de quicio.
    Regreso pues a mi labor contemplativa y procrastinadora. Vuelvo a elevar mis ojos hacía el pedacito de cielo que me es regalado y contemplo como las nubes siguen su camino con tranquilidad. Una par de golondrinas vuela alrededor de las copas de los arboles, casi como intentando seducirlas para que salgan a volar junto con ellas. Mucho más arriba, pero no tanto como las nubes, pasa una bandada de patos canadienses que justamente para esta época regresan del frío que empieza a azotar las tierras del norte ¿O están llegando? Para ser sincero no se qué estación debe ser arriba o abajo. Simplemente sé lo que son y sé lo que buscan, un lago lleno de plantas acuáticas y pequeñas alimañas que les sirva de hábitat mientras cumplen sus ritos de cortejo y apareamiento.
     Ahora las nubes se empiezan a arremolinar en lo alto del cielo. Como lo predije en mi visión somnífera, pronto vendría el viento de lluvia. Más tarde, la llovizna y por último, la granizada. Respiro hondo e intento sentir el aire frío que se mueve afuera de este recinto. A pesar de no tenerlo en mi rostro puedo sentir el viento por pura sugestión, por pura provocación psíquica, por puro deseo de ser libre, en la tierra, en el cielo, como las grandes naves de vapor acuoso que son las nubes. Libre, como el frondoso árbol que deseo ser luego de morir.

domingo, 8 de junio de 2014

¿Por qué?

¿Por qué debo dudar
de lo qué soy
de lo qué pienso
de lo qué hago?

¿Por qué respondo
‘no sé’
cuando sé
pienso
y hago?

Dime
oh sucio psicoanalista
cual es la maldita razón
de mi Azul perpetuo
de mi miedo eterno
de mi tonto infierno.