miércoles, 3 de diciembre de 2014

Poema feo: Gente

Altos tacones rotos
labiales derretidos
y mujeres de plástico
en carros de alta gama.

Rubios muchachos fornidos
de cabezas engominadas
cambiando Jorge Isaacs
por Jack Daniels.

Las damas de polietileno arden
en una hoguera de mil dólares.

Más

Sucios hippies carismáticos
más pantalleros que un LG de 45 pulgadas
sacuden sus hipnóticos malabares
engañando a medio mundo.

A mí no me meten los dedos a la boca.

Más

Punks zombificados
borrachos o rehabilitados
(Pero a fin de cuentas zombis
 bestias momificadas
en el mañana de ayer
becos pank is ded)
Como dijo el lucido:
Una A no te hace anarquista.

Más

Indigentes carramañados
dejan que algunos sucios taxistas
les metan la verga
en agujeros abiertos
por armas hechizas.

Y el ñero hace la herida
y al ñero no le importa
y al ñero no le pasa nada
porque a la hora veinte
lo mismo es un ñero
que un policía.

Legaliza tu actividad,
vístete de uniforme
gloriosas fuerzas de control
Policía Nacional de Colombia. 

Más

Desde arriba hasta abajo
y haciendo un breve paneo
bosquejando las clases sociales
observo con atención
que todo está podrido
y no me queda más remedio
que odiar con pasión.

Más


Y luego esta gente extraña
todas estas personas que no conozco
y que si conociera no odiaría
pero que no conozco y que odio
porque odio más de lo que vivo
porque odio sin medida
porque no me queda más
que la dulce sensación
de negar mi existencia
a través de la opinión exagerada
del prejuicio arbitrario
del estereotipo de persona. 

jueves, 20 de noviembre de 2014

Observación silente

Mientras observo tu bemba colgante,
mujer de gelatina sin sabor,
temblar al son de un jazz entrecortado
dibujo con mi mente
la trayectoria de tus ojos desorbitados
que observan apasionados
TODO LO QUE YO NO PUEDO SER.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Pequeño poema frustrante

Tengo sueños recurrentes
obsesiones que no han muerto
una herida que aun arde
y un feo gusano ciego
mil canciones sin sentido
y la insoportable certeza de saber
que te la están metiendo
todos los días
de once a una.  

lunes, 3 de noviembre de 2014

Apuntes II

Soy un pobre diablo sin nada para ofrecer. Mi vida es tan aburrida que inclusive me aburro conmigo mismo. No tengo dinero ni carisma. Vivo a expensas de mi madre, no tengo energía para emanciparme y cuando estoy solo no hago nada interesante. Disfruto de cosas tan triviales que difícilmente pueden generar empatía y mucho menos emoción: ver cómo crecen las plantas, salir a montar bicicleta despacio, mirar las nubes, fumar marihuana y dejar que la inconsciencia conduzca la mente. Dibujar mamarrachos al margen de las hojas de papel, o escuchar música extrañamente calmada o parcialmente enérgica.


No puedo dar nada. Nada de seguridad a futuro, porque mi vida es una ruta sin planes; nada de emoción a presente, porque mi vida es un auto sin motor. No hay nada en mi existencia que pueda suscitar la más pequeña chispa de pasión, sensualidad o cariño. Soy gracioso al instante porque es la única forma de blindarme contra las personas: sé que lo están pasando bien, que no se van a aburrir, pero no estoy estableciendo ninguna relación profunda con ellas. Es la distante cercanía del payaso, la ilusión de empatía, un acto de divertido escapismo. 

miércoles, 29 de octubre de 2014

Viento y polvo

Todo se llena de polvo. Es quizás la mejor forma de ilustrar el paso del tiempo, el abandono. Las diminutas virutas de tierra flotan por el aire, imperceptibles, mientras suaves corrientes de aire las arrastran a través de un mundo caótico. Corrientes de aire tan minúsculas como la de un dedo al moverse o un bebé al respirar… corrientes de aire tan poderosas como la de una tormenta en medio del Pacifico, como la de un tornado en Kansas.

Y allí, en medio de esos contrarios flujos de aire, están las pequeñas partículas de tierra y polvo. Aquellas que se refugian y se amontonan en los cuartos sellados y olvidados, esas que aparecen cuando la vida termina; esas, las virutas de tierra que se amontonan en mis parpados, que los cierran y me hacen recordar el placer de estar dormido, de haber sido olvidado.

martes, 21 de octubre de 2014

CANCIÓN DE LA VIDA PROFUNDA

Porfirio Barca Jacob

El hombre es una cosa vana, variable y ondeante
MONTAIGNE

Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar.
Tal vez bajo otro cielo la gloria nos sonríe.
La vida es clara,  undívaga y abierta como un mar.

Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en abril el campo, que tiembla de pasión:
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.

Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos…
- ¡niñez en el crepúsculo!, ¡Lagunas de zafir! -
que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
y hasta las propias penas nos hacen sonreír.

Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña oscura de oscuro pedernal:
la noche nos sorprende con sus profusas lámparas,
en rútilas monedas tasando el Bien y el Mal.

Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer:
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos envuelve a estremecer.

Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar.
El alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos puede consolar.


Más hay también ¡Oh Tierra! Un día… un día… un día
en que levamos anclas para jamás volver…
Un día en que discurren vientos ineluctables,
¡Un día en que ya nadie nos puede retener!