sábado, 18 de octubre de 2014

UN HOMBRE

Porfirio Barca Jacob

Los que no habéis llevado en el corazón el túmulo de un dios
ni en las manos la sangre de un homicidio;
los que no comprendéis el horror de la conciencia ante el Universo;
los que no sentís el gusano de una cobardía
que os roe sin cesar las raíces del ser,
los que no merecéis ni un humor supremo
ni una suprema ignominia:

Los que gozáis las cosas sin ímpetus ni vuelcos,
las radiaciones intimas, igual y cotidianamente fáciles;
los que no devanáis la ilusión del Espacio y el Tiempo,
y pensáis que la vida es esto que miramos,
y una ley, un amor, un ósculo y un niño;
los que tomáis el trigo del surco rencoroso,
y lo coméis con manos limpias y modos apacibles,
los que decís: “Está amaneciendo”
y no lloráis el milagro del lirio del alba:

Los que no habéis logrado si quiera ser mendigos,
hacer el pan y el lecho con vuestras propias manos
en los tugurio del abandono y la miseria,
y en la mendicidad mirar los días
con una tortura sin pensamientos:

Los que no habéis gemido de horror y de pavor,
como entre duras barras, en los abrazos férreos
de una pasión inicua,
mientras se quema el alma en fulgor iracundo,
muda, lúgubre,
vaso de oprobio y lámpara de sacrificio universal,


¡Vosotros no podéis comprender el sentido doloroso
de esta palabra: UN HOMBRE!

domingo, 12 de octubre de 2014

Apuntes I: La perspectiva y la voluntad

La identidad se ha fundido en el mar de la mediocridad contemporánea. El hecho de ver en perspectiva, de observar por sobre la paupérrima realidad en la que se vive no es ninguna señal de genialidad; más bien es la puerta a la más afanosa desesperación. ¿De qué sirve estar consciente de la miseria actual si no se puede hacer nada? Aun más ¿De qué sirve conocer las conductas negativas, las enfermedades del alma, si uno no puede combatir contra ellas? Sojuzgado, casi que destinado a ser víctima de todas esas cosas que son más grandes que uno. Las condiciones sociales, económicas, políticas, comunicativas que condicionan nuestro comportamiento más allá del plano de la consciencia, que sobrepasan nuestra minúscula racionalidad y voluntad.

La voluntad es la capacidad individual de controlar los aspectos de la vida. ¿Todos los aspectos? No, solamente aquellos a los que tenemos acceso racional y sobre los cuales nos podemos empoderar, por medio de la misma voluntad o a través de herramientas. Nada más. Con voluntad no podemos controlar nuestro metabolismo, por más que sepamos la forma en la que funciona; a menos que tengamos a nuestra disposición las sustancias y los elementos que nos permitan accionar sobre este. Con voluntad no podemos aniquilar a las corporaciones, por más que sepamos la forma en la que dominan el planeta; a menos que construyamos una colectividad con una voluntad común.  

Por desgracia, la voluntad sin herramientas es lo mismo que las herramientas sin voluntad. La sociedad contemporánea pone a nuestra disposición la totalidad de herramientas de manera casi que gratuita, pero nuestras voluntades han sido debilitadas de tal manera que no tenemos fuerza si quiera para levantarlas.


No levantamos nuestro culo de este parsimonioso estado de ‘bienestar’. Esta comodidad arreglada. Este 'Mundo Feliz'. 

Abulia. 

miércoles, 1 de octubre de 2014

PENULTIMA BIOGRAFÍA IMAGINARIA

Darío Jaramillo

El vivió tan intensamente los dos o tres instantes que 
                hace de su vida, la vida,
que la memoria había muerto y no tenía posibilidad de
                recordarlos:
pero un estigma lo ataba a la certeza de que de algún
                modo
aquellos instantes todavía eran suyos;
si me oyera, él no permitiría que les hablara a ustedes
                de estas cosas,
ni que mencionara sus enfermedades más secretas y
                constantes:
la manía repetida de soñar despierto,
la costumbre de cerrar los ojos para ver mejor,
la soledad sin ahínco,
la culpa que lo rodea como mar viscoso
la sospecha de la luz entrevista y de que  él conservaba
                algo muy antiguo de él mismo, que no estaba
                manchado,
que de algún modo permanecía inocente.
El vivió tan intensamente los dos o tres instantes que
                hacen de su vida, la vida,
que a fuerza de hacerse querer olvidó que él amaba
y esto lo supo tan bien como para que no le hiciera
                daño;
y casi siempre parecía viendo llover, aun durante
                prolongados lapsos de sequía y cuando hablaba
parecía hablando el idioma secreto de la lluvia
                nocturna.
Se me oyera, no me permitiría que les contara a
                ustedes estas cosas,
aunque es posible que guardara un silencio teñido de
                vacío
aunque es posible que abriera los ojos de su sueño
y hablara de animales de fuego y dijera que siente que
                en su boca está el mar de los Sargazos,
aunque es posible que preguntara alejado por algún
                pasaje remoto de mi vida
y añadiera que nunca hay nada de qué arrepentirse
y luego preguntara ensimismado en qué lugar de la
                tierra son ahora las tres de la mañana.
Aunque es posible, acaso, que también sonriera
                levemente.
En todo caso, él sabría que algo suyo mantendría
                fluyendo,
algo suyo que no podría recordar,
dos o tres instantes que tal vez, quién lo sabrá,
todavía no habían llegado. 

lunes, 29 de septiembre de 2014

ORACIÓN DE LOS BOSTEZADORES

Luis Vidales

Dedicada a Leo Gris – Bostezador


Señor.
Estamos cansados de tus días
y tus noches.
Tu luz es demasiado barata
y se va con lamentable frecuencia.
Los mundos nocturnales
producen un pésimo alumbrado
y en nuestros pueblos
nos hemos visto precisados a
sembrarle a la noche
un cosmos de globitos eléctricos.
Señor.
Nos aburren tus auroras
y nos tienen fastidiados
tus escandalosos crepúsculos.
¿Por qué un mismo espectáculo todos los días
desde que le diste cuerda al mundo?
Señor.
Deja que ahora
el mundo gire al revés
para que las tardes sean por la mañana
y las mañanas sean por la tarde.
O por lo menos
- Señor-
si no puedes complacernos
entonces
-Señor-
te suplicamos todos los bostezadores
que transfieras tus crepúsculos
para las doce del día.
Amén. 

sábado, 27 de septiembre de 2014

PENA CAPITAL

Gonzalo Arango

El sueño de mi vida nunca fue la belleza sino el poder,
Y no un poder cualquiera. ¡El Poder Absoluto!
No rendir cuentas a nadie, a nada, más que a la grandeza
misma.
Porque soy débil aborrecí la debilidad en los hombres y en
la historia, y sólo me rendí reverente ante las fuerzas
cósmicas de la naturaleza.
Sé que no alcanzaré el éxtasis ni legaré a coronarme en el
trono de los despotismos por culpa del santo temor que me
inculcaron y que me convirtió en sacristán de Dios,
mendigo de los fantásticos festines de la gloria.
No viviré bastante para la nostalgia del poder y las
lamentaciones del infortunio e crearme un destino a base
de amontonar palabras.
Soy cada día este cadáver que desaparece bajo un torrente
de babas, ruidos agónicos y destilaciones de una enfermedad
que sofoca al Monstruo de mi alma.
Perdido para este mundo y para Dios.
Mi vida es hoy una fortaleza saqueada, la sustancia
viscosa, hediente, que emana del cadáver de mi gran sueño
del Poder.
Me sobrevivo como una babosa en su repugnante
humeada, y todo se precipita para cubrirme de irrisión,
para que no aspire más esas ígneas fulguraciones donde
los elegidos han forjado su grandeza exterminadora, el
estremecimiento de los cielos.
Para vengarme de esta migaja de ignominia a la que he
sido condenado, ejerceré el terror, contagiaré la peste,
irradiaré mi enfermedad a todos los vientos desde el falso
trono de la poesía.
Aun más, disfrazaré mi piedad con la horrible máscara del
tirano y dictaré un decreto:

Yo
Gonzalo Arango
tirano del mundo
me sentencio a la
PENA CAPITAL
de pasar la vida
frente a una máquina de escribir
escribiendo
la palabra MIERDA
por los siglos de los siglos de los siglos. 

domingo, 14 de septiembre de 2014

Orinando en la 127

Las cosas son,
como dicen por ahí,
para aquél que las necesita.

Y yo,
como no veo nada reprochable
en tan práctica regla
obedezco
sin pensarlo dos veces.

Así que,
frente a la necesidad fisiológica
ante un mar de ácido úrico
no me queda más opción
que orinar en cualquier sitio.

He orinado en la 127.

No  es que no quisiera
o que me diera pena
tener que atravesar la calle
en dirección al caño
saltar el separador
darle la espalda a los concesionarios
a los hoteles
a las clínicas
a los apartamentos
y tener que buscar un árbol
sacar el chimbo
si, el chimbo
y relajar mi esfínter
para que saliera la orina
y se dirigiera
sin intermediarios
al hediondo caño
mientras la gente
con miradas disimuladas
murmuraba
por mi falta de cultura
o de cordura.

Y qué más da
si orino en un caño
en un árbol
o en un baño,
he orinado
sin pena ni gloria
en la 127.